El banco lleva el precio del dinero al 2,5% y mejora la previsión de crecimiento, pero abre la puerta a nuevos aumentos ante el encarecimiento de la energía.

La complejidad de la economía, los miles de variables en las que se basa el Banco Central Europeo (BCE) para ajustar el precio del dinero unos grados a derecha o a izquierda, esconden una verdad de sencillez extrema: depende de la guerra de Irán. La subida del precio del petróleo y el gas ha llevado al BCE a subir tipos este jueves por segunda vez en tres meses, llevando el precio del dinero desde el 2,25% al 2,5%, el más alto desde marzo del año pasado. En junio, cuando el BCE subió tipos por primera vez en tres años, persistía la incertidumbre sobre un posible acuerdo entre Irán y Estados Unidos que permitiera reabrir el estrecho de Ormuz. Tres meses después, los barcos que cruzan el estrecho se exponen a ser atacados, el brent está en 100 dólares y el gas natural europeo en 80 euros.

El BCE no ha tenido dudas y ha votado de forma unánime por encarecer el tipo de depósito (interés de referencia), decisión que la presidenta, Christine Lagarde, calificó de “obvia” y el mercado daba por segura al 99%. El banco espera que los precios se desvíen del objetivo del 2% durante “un periodo prolongado”, expresión que no figuraba en comunicados anteriores y que se interpreta como señal de futuras subidas de tipos. Pero prefiere tener margen de maniobra: “Si no nos comprometemos previamente no es por molestar a nadie, sino porque nos movemos en entornos de incertidumbre que cambian de la noche a la mañana”, ha explicado Lagarde a las insistentes preguntas sobre su próximo movimiento.

La buena noticia es la resistencia de la economía europea en los últimos meses, una capacidad de ajuste ante el shock energético que ha sorprendido al banco. Así, la entidad ha mejorado la proyección de PIB este año al 0,9% (una décima más que en junio) y la de 2027, al 1,4% (frente al 1,2%). En el lado de la inflación, Lagarde ha asegurado: “La hemos visto más baja de lo anticipado”, pero ahora el BCE espera que estará elevada por más tiempo. Calcula para la eurozona un IPC del 3% este año, la misma previsión que en junio a pesar de que el petróleo se ha encarecido. Ahora bien, a costa de elevar dos décimas la previsión de 2027. Todo ello, bajo la presunción de que el brent se modere, de aquí a diciembre, hasta los 86 dólares y el gas a los 60 euros.

Lagarde, pues, ve la economía europea algo más sólida que antes de verano, pero en un entorno energético más complicado. En todo caso, más que combatir los precios actuales o la inflación pasada, el BCE se ha impuesto la misión de prevenir que la subida de los combustibles se extienda al total de la economía. “En esta fase, los salarios no muestran una reacción significativa ante el shock energético”, indicó Lagarde. Pero, matizó después, “se prevé que el aumento de los precios de la energía se refleje gradualmente en la inflación subyacente y en la de los precios de los alimentos”. Es decir, el BCE teme que algunos de estos llamados efectos de segunda ronda acaben llegando. En parte por eso el mercado ha elevado claramente sus previsiones de subidas de tipos: ayer no esperaba subida de tipos en octubre y sí en diciembre; ahora se plantea incluso dos alzas seguidas.

Los economistas, como ha sucedido en los últimos meses, tienen bastantes más dudas. “Dado el nivel excepcionalmente elevado de incertidumbre, es probable que el banco central mantenga su sesgo restrictivo”, explica Ulrike Kastens, economista senior de DWS, la gestora de fondos de Deutsche Bank. “Creemos que los riesgos están sesgados hacia un menor número de subidas”, indica Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo. Según la firma, el BCE esperará a tener más elementos de juicio (en precios, salarios y expectativas) para no exponerse a dividir al consejo.

Todo depende del conflicto de Oriente Próximo. Una mejor respuesta de la economía o una resolución de los conflictos (Lagarde incluye también la invasión de Ucrania) puede mejorar las perspectivas de crecimiento e inflación, y a la inversa. El BCE ha hecho sus números: en el peor escenario (petróleo a 130 dólares en diciembre y gas a 130 euros) la economía rozaría la recesión este invierno, el IPC se dispararía hasta el 5,8% en primavera y la inflación no se moderaría hasta entrado 2028. Si, por el contrario, el petróleo baja un poco más rápido de lo previsto, el IPC estará por debajo del 2% en junio y la economía no perdería fuelle.

Entre el futuro de Lagarde y los populismos

La presidenta del BCE ha esquivado varias veces las fórmulas con las que se le ha cuestionado por su posible salida anticipada del banco: indicando que se dedicará a la promoción de su libro, prevista para enero y febrero, en fines de semana o días libres, y apuntando que cuando tenga algo que decir, los periodistas serán los primeros en enterarse (solo después de sus nietos), ha rehusado responder. Tampoco para asegurar que cumplirá su mandato. Pero el banco sí ha querido pronunciarse ante las preguntas sobre los planteamientos populistas que crecen en Europa. Ante la propuesta del líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, de cancelar la deuda francesa en manos del BCE, Lagarde ha asegurado: “Una idea sin sustento legal, técnico o económico no lo obtiene por repetirse muchas veces. […] Es una violación del tratado y no es una buena idea”.

Por su parte, Joachim Nagel, presidente del Bundesbank y presente en la rueda de prensa como anfitrión (la reunión se ha celebrado en Berlín), ha respondido a las preguntas sobre el auge de la extrema derecha en Alemania. “Me preocupa lo que esto puede hacer a nuestros valores, a nuestro país. Económicamente, es un gol en propia meta, el dinero será reacio a venir”.

En el plano económico, las cifras más recientes han permitido al BCE ganar tiempo, sacudirse la presión del mercado y mantener prietas las filas en un entorno explosivo. Las discrepancias entre los halcones (partidarios de tipos más elevados) y las palomas (al contrario) se han mantenido bajo cuerda, un equilibrio que cada vez es más difícil. La reunión de Berlín sí deja un sesgo de ortodoxia germánica: el banco ha sacado músculo ante la inflación y parece más cerca de prolongar las subidas de tipos que de echar el freno. Pero, pese a la contundencia con la que se expresan los futuros, lo único seguro es que la guerra de Irán seguirá marcando el camino no solo de lo que se paga a la hora de llenar el depósito de gasolina, sino también de lo que se abona por la hipoteca.